El Frente Ciudadano y su laberinto


Las últimas semanas han estado dedicadas a ubicar quién sería el candidato presidencial del PRI, porque el candidato de Morena ya sabemos quién es desde hace más de 15 años. De los independientes, con la sorpresa de que tres desconocidos —para mí, al menos— ya lograron recabar las más de 866.000 firmas requeridas para aparecer en la boleta electoral. Bien por ellos. Queda por saber la identidad del candidato presidencial del Frente Ciudadano por México.

Existe un problema fuerte con respecto al posible candidato del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. La disyuntiva está entre designar al candidato del partido con mayor peso electoral, es decir, al panista Ricardo Anaya, o abrir la elección, ya sea mediante votación de los militantes o los resultados de una encuesta, como proponen el resto de los precandidatos: Miguel Ángel Mancera y Rafael Moreno Valle e incluso Margarita Zavala, la que ya nada tiene que ver, supuestamente, pero fue convocada a dirimir el tema por los otros dos el pasado viernes 17 en un café de Polanco. Si hubiesen querido reunirse discretamente, lo habrían hecho. ¿Por qué placearse los tres juntos? ¿Para quién era el mensaje? Desde ese día a la fecha, ha ido escalando la especie de que el Frente Ciudadano se está debilitando. No parece ser una percepción alejada de la realidad y lo grave es que este debilitamiento tiene más relación con los proyectos personales que con una auténtica debilidad del Frente, a juzgar por los resultados de diversas encuestas que revelan que existe una buena intención de voto para el Frente, en octubre pasado, la encuesta de Consulta Mitofsky situaba a la alianza como puntera en las encuestas rumbo al 2018, sin saber la identidad de su candidato; 24.5%, de cara al 21.1% de la alianza PRI-PVEM y el 20.6% de Morena-PT. En septiembre, Parametría daba un 32% de intención del voto al Frente. Nada mal para una sumatoria de partidos que aún no se había coaligado del todo y que podía ser muy vulnerable por varios lados, independientemente de los errores internos.

Sin embargo, otra medición de Parametría señala que cuatro de cada 10 mexicanos que sí conocen de la existencia del Frente Ciudadano por México sospechan que es una coalición electorera para ganarle al PRI y, en menor medida, para ganarle a Morena …. Ambas situaciones no son contradictorias, pues muchos ciudadanos sí hubiesen pretendido votar por una coalición para detener al PRI y en segundo lugar a Morena.

LA FRAGILIDAD DEL FRENTE

El Frente puede ser frágil por la competencia de los diferentes partidos y los grupos  de estos partidos por conquistar la candidatura presidencial. Pero su fragilidad reside más en lo personal.

Tanto el PRI como Morena, su versión posmoderna, tienen la gracia de dirimir el tema mediante una práctica autocrática: el dedazo. Eso sólo es posible en la medida en que las bases sean absolutamente dóciles frente al liderazgo de las cúpulas. Los partidos con una tradición más democrática no se avienen a este tipo de soluciones. Si Ricardo Anaya pretende ser el candidato presidencial del PAN, es desde su partido donde inició la crítica. Para los perredistas -incluido Mancera que no es militante formal, pero prácticamente es como si lo fuese- hasta hace unas tres semanas tenían claro que Anaya podía ser el candidato presidencial de la alianza. Pero ya no. Resulta que Mancera salió fortalecido de la crisis provocada por el temblor y quiere dar la batalla; además, los negativos de Ricardo Anaya están saliendo a flote. En términos de imagen, Anaya lleva más de tres meses siendo bombardeado por cuestiones de opacidad. Relativamente, ha logrado librar la andanada, pero está llegando al límite, tanto que se cuestiona su candidatura como la mejor y única opción.

Por separado, ninguno de los tres partidos puede ganar la elección presidencial; el PAN y Movimiento Democrático juntos, tampoco. Los 5 o 6 millones de votos de la militancia del PRD son necesarios para ganar o en todo caso quedar en un segundo lugar que les permita presionar para lograr ser un grupo con el que el ganador, al parecer López Obrador, tenga que cogobernar por fuerza.

El valor del Frente Ciudadano, en mi opinión, no reside en que gane la Presidencia de la República, sino en que se constituya en un auténtico contrapeso para el Ejecutivo, gane Morena o el PRI, y que, desde el Legislativo, dé cauce a las demandas ciudadanas y corrija el rumbo si está equivocado.

Su objetivo debe ser ganar las grandes ciudades, los municipios clave del país y entre más estados gobiernen, será mejor. Hoy mismo, 11 entidades son gobernadas por el PAN y cinco por el PRD, 16 contra 15 del PRI y una del PVEM. Mitad y mitad, pero la capital es la joya de la corona y el PRD va a pelear por mantenerla y para ello se requiere del concurso del PAN.  Uno de los objetivos centrales del Frente Ciudadano debe ser mantener a toda costa la capital.

Todo parecía ser miel sobre hojuelas para Alejandra Barrales, hasta que apareció Armando Ahued, reclamando para sí la posibilidad de ser candidato al Gobierno de la CDMX. El doctor Ahued es uno de los funcionarios capitalinos que mejores resultados ha rendido en dos sexenios; enfrentó exitosamente la emergencia del H1N1 en el 2008 e implementó el programa de Médico en Tu Casa.

No sabemos si le alcance su eficiencia para ser candidato a la jefatura de Gobierno de la CDMX, pero tiene el apoyo de la colonia libanesa, lo que no es para menospreciar … Si lo que se busca es una elección por cuota de género, el escenario sigue siendo Alejandra Barrales versus Claudia Sheinbaum, a menos de que Ahued rompa con Mancera y que Marcelo Ebrard y algunos más convenzan a López Obrador de que Ahued podría ser un buen candidato …

Total, el único integrante del Frente que verdaderamente ni suda ni se acongoja por lo que pueda suceder es Dante Delgado, pues sabe que con Movimiento Ciudadano puede negociar con cualquier coalición y/o partido y lo que le interesa ganar es Jalisco, principalmente.

No sabemos qué va a pasar con el Frente, pues aunque ya registraron la plataforma, aún pueden cambiar rumbo. Insisto, sería una pena porque el experimento puede cuajar en el ámbito legislativo, incluyendo cuotas ciudadanas y enfocándose a ganar espacios donde los partidos por separado no despiertan mayor entusiasmo.

Si prevalecen los intereses personales y la idea de que el Frente sólo tiene sentido para ganarle al PRI y a Morena, sin presentar una propuesta alternativa y coherente de gobierno, sería una oportunidad perdida. Si se desintegra el Frente, ninguno de los tres partidos va a ser un auténtico factor para, al menos, equilibrar la correlación de fuerzas y contener desde distintas posiciones al populismo autoritario que parece ir cooptando espacios dentro del sistema. La peor parte la llevaría el PRD; su debacle sería la de toda la izquierda. Tanto camino andado desde la reforma político-electoral de 1976, para que la lucha partidocrática por una candidatura presidencial sea indicador de la involución democrática. El problema es, en el fondo, de cultura ciudadana.