Reunión de gabinete de Trump se convierte en tributo de adulación


Nueva York.

Donald Trump proclamó que su presidencia es incomparable en lo que ha logrado y su gabinete lo elogió como líder extraordinario, mientras su procurador general se preparaba para testificar ante el Senado como parte de las investigaciones sobre relaciones sospechosas con autoridades rusas, y otro tribunal federal falló en contra del veto antimusulmán del presidente, al tiempo que dos procuradores generales estatales interpusieron una demanda judicial contra el ocupante de la Casa Blanca por violación de normas anticorrupción establecidas en la Constitución.

En lo que fue una de las escenas más raras vistas por periodistas veteranos que cubren la presidencia, Trump declaró en una reunión de todo su gabinete: “yo diré que nunca ha habido un presidente, con pocas excepciones… que ha promulgado más leyes, que ha hecho más cosas que las que hemos hecho nosotros”. Acto seguido pidió que cada uno de los integrantes de su gabinete tomara la palabra y así rindieron una especie de tributo de adulación a su líder. Uno por uno se identificaron, elogiaron al presidente y declararon que era un "gran honor" y "un privilegio" contribuir a su presidencia y trabajar con él, en una suerte de culto a la personalidad.

En tales sesiones, a los medios usualmente les permiten ingresar brevemente, los fotógrafos toman algunas imágenes, el presidente ofrece unas palabras, y luego deben salir, pero esta vez fueron testigos de lo que Chris Ciillizza, de CNN, llamó "la reunión de gabinete más extraña jamás (vista)" y que el New York Times calificó de "inusual". El jefe del gabinete, Reince Priebus, en medio de una constante especulación de que su empleo está en peligro, declaró: "le damos (al presidente) las gracias por la oportunidad y bendición de cumplir su agenda".

No importaba que todos ahí, con excepción del presidente, saben que lo que dijo Trump es falso, ya que no ha logrado impulsar de manera exitosa ningún proyecto grande de ley hasta la fecha.

Aparentemente, todo esto tiene que ver con un esfuerzo para reducir el impacto de las afirmaciones del ex jefe de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) James Comey la semana pasada, cuando sentó las bases para promover un caso de obstrucción a la justicia contra el mandatario. En días recientes Trump declaró que parte de lo que dijo Comey "reivindicaba" la posición del presidente, y que todo lo demás eran "mentiras", incluso este fin de semana acusó que Comey había actuado de manera "cobarde".

Ivanka Trump, hija del presidente, se ha sumado a esta campaña para defender a su padre, ha participado en algunos actos y en entrevistas para televisión ha declarado que el presidente está enfocado en las cuestiones por las cuales fue electo.

Pero los intentos para cambiar el canal sobre los escándalos en torno a Rusia y para obstruir investigaciones, posibles violaciones de leyes y derrotas legislativas y judiciales, no están funcionando.

Este martes el procurador general, Jeff Sessions, comparecerá ante el Comité de Inteligencia del Senado –el mismo panel ante el cual se presentó Comey la semana pasada– donde será sujeto a un interrogatorio sobre Rusia y la campaña de Trump. Además, y justo después de lo que ofreció el ex jefe de la FBI el jueves pasado, también le preguntarán sobre el papel que desempeñó en el despido de Comey.

Nadie sabe qué esperar de este espectáculo, y aunque no tiene el mismo nivel dramático que el de la semana pasada (más de 20 millones de personas siguieron la sesión con Comey en vivo y hasta algunos bares y restaurantes abrieron temprano para poder ver el show), sorprendió que Sessions aceptó una sesión abierta al público para responder y, en palabras del Departamento de Justicia, "para que el pueblo estadunidense escuche la verdad", sobre su manejo de los asuntos de su área y anteriormente, durante la campaña de Trump.

Sessions fue obligado a recusarse de todo asunto relacionado con las investigaciones sobre la mano rusa en las elecciones del año pasado, y la posible colusión entre la campaña de Trump con el Kremlin, por haber fallado en revelar durante su proceso de ratificación como procurador general que había tenido por lo menos dos consultas con Serguei Kislyak, el embajador de Rusia en Washington, el año pasado. En la sesión privada con Comey la semana anterior, se filtró que podría haber tenido un tercer encuentro no reportado con Kislyak.

Justo por su decisión de apartarse de todo lo relacionado con la investigación sobre Rusia, algunos senadores también desean saber por qué participó en la decisión de Trump para despedir a Comey –quien encabezaba la investigación de la FBI sobre Rusia– el mes pasado, algo que sembró el ex director de la FBI en sus declaraciones ante el mismo comité.

Mientras tanto, la Casa Blanca rehúsa comentar más sobre la existencia o no de grabaciones de las conversaciones privadas entre Trump y Comey. El presidente había amenazado al ex director de la FBI antes de su comparecencia al insinuar que tal vez había grabado esos intercambios. Comey, ante el Senado, dijo que esperaba que sí existieran tales grabaciones y llamó a que se hicieran públicas. Este lunes, Sean Spicer, vocero del presidente, se limitó a repetir lo que había dicho Trump hace unos días sobre la posible existencia de las grabaciones: "habrá un anuncio próximamente". El Servicio Secreto fue obligado a anunciar que no tiene ningunas grabaciones o transcripciones de las charlas privadas entre Trump y Comey.

A la vez, el presidente sufrió otro revés ante el Poder Judicial cuando el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito, con sede en San Francisco, falló en favor de mantener la suspensión del veto sobre viajeros de países de mayoría musulmana impulsada por Trump mediante una orden ejecutiva. El caso pasará a la Suprema Corte.

Por otro lado, los procuradores generales del estado de Maryland y de Washington DC presentaron una demanda judicial contra Trump por "violaciones constitucionales sin precedente". La demanda argumenta que Trump está violando las cláusulas anticorrupción de la Constitución al aceptar millones de dólares en pagos de gobiernos extranjeros mediante sus empresas (sobre todo sus hoteles). Afirman que al no separarse de sus intereses empresariales al llegar a la Casa Blanca, el presidente está lucrando con su puesto. Es la primera demanda judicial presentada por entidades gubernamentales contra el gobernante.

Y para ser un mandatario obsesionado con la adulación, su índice de desaprobación alcanzó de nuevo su récord previo de 59 por ciento, con sólo 36 por ciento que lo aprueban, según la más reciente encuesta de Gallup.

Por otro lado, una investigación publicada en el prestigioso New England Journal of Medicine repite que hay cada vez más evidencia empírica de que la elección de 2016 y sus resultados ha tenido efectos negativos en la salud sicológica y física de los estadunidenses, o sea, Trump es nocivo para la salud pública. Entre estos efectos se registra un incremento de "temor y ansiedad", sobre todo en comunidades que se sienten amenazadas.

Aún no se han estudiado los efectos de salud de esa elección y sus resultados en los demás pueblos del mundo.

La Jornada